La Medición de la Felicidad

Durante muchos siglos se ha buscado la posibilidad de asegurar un espacio donde podemos afirmar que los humanos han logrado cosas sobresalientes. Los Griegos le llamaban el “Justo Medio”, el balance perfecto de las cosas. La Edad Media hablaba del momento de mayor lucidez, donde todo se entendía y se encontraba la verdad “Memento Mori”, el instante del morir.

En el Siglo XXI se habla de un término interesante, la Compensación. Un filósofo Alemán, Odo Marquard asegura que es posible el bienestar a través de lograr la compensación entre el acto fallido y el acto positivo. Ahí entendemos que lo imperfecto tiene un valor y que lo insignificante no lo es como tal.

Múltiples ideas, siempre buscando encontrar el instante perfecto, la felicidad de los mortales.

Toda esta obsesión tiene un culpable, un gran Francés de nombre Francois- Marie Arouet, conocido como Voltaire.

Voltaire es parte de esa generación tocada por la luz de la inteligencia, los llamados Ilustrados, del Siglo de las Luces, el siglo XVIII.

En ese siglo apareció Juan Jacobo (Jean Jacques) Rousseau, y con él se escucharon palabras e ideas sobre el ser humano y prácticamente es el principio de la Antropología, de la idea de humanidad. Junto a Rousseau, está Dennis Diderot, el creador de la idea de construir un libro donde se encontrara el conocimiento en su totalidad, la Enciclopedia. El Primer libro de actuación: La Paradoja del Comediante, es escrito por él, y se une al gran Dramaturgo Molliere; gran dramaturgia dirigida al entendimiento de las debilidades de carácter, del habitante urbano.

En este contexto, genialidad crea genios. Con un sentido de riqueza en el vivir llega Voltaire. En su prosa aparece una idea que revoluciona al occidental, el ser humano tiene derecho a buscar la felicidad, en esta vida; no tiene que sufrir para que al morir pueda encontrarse con el paraíso prometido por la religión.

La Felicidad es una gran posibilidad, que se puede lograr a través del desarrollo, la educación de calidad, el conocimiento, ciudades bellas y seguras, y la distribución de responsabilidades en una sociedad con alto nivel conciencial.

Todo en Europa se mueve, la idea es aguda y penetra en la sociedad, pero llega el gran Terremoto que destruye Lisboa. Voltaire se horroriza, es testigo de la fatalidad. La Felicidad de Voltaire tiene que ver con un sentido de Bienestar, riqueza y vocación por construir un destino de abundancia, no con lo descorazonante.

Medir sensaciones es muy difícil, controlar  las emociones ajenas es fácil, si se promete todo. Maquiavelo dijo: “Promete sin pudor. Promete, que al cabo la masa luego no recuerda. Solo no saques temas que después no puedas justificar”. La supuesta Felicidad que se quiere medir es solo una manera de darle peso a una resignación de sociedades sin aspiración.

La Felicidad no tiene vocación de pobreza, de soportar limitaciones, de no aspirar a crear mejores mundos, y sobre todo, de nunca perder  nuestra única obligación, crear mundos maravillosos para nuestros hijos, y todos aquellos que nacerán dentro de varios años.

Felicidad es prosperidad, sueño, deseos, esfuerzos, logros, honor, dignidad y un enorme orgullo de trabajo que te enaltece como persona.

Es solo un instante, que se desvanece, y deja algo grandioso: el deseo que ese momento se llegue a repetir.

Siempre iremos hacia la felicidad, pero nunca terminaremos de llegar.

Los países que intentan vivir con esa medición solo han encontrado el fracaso y una pobreza cruel. Y gobiernos que buscan el poder por el poder.

La Felicidad siempre será algo abstracto, lleno de deseo. La culpa de todo la tiene Voltaire.

“El único animal que se vuelve infeliz por no ser feliz, es el ser humano”, el regalo de la Ilustración se transformó en ansiedad y angustia en el Siglo XXI, pero es la única angustia válida: buscar ser y estar feliz.

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