Todos los caminos llevan a Roma

“Todo coincide en lo idéntico”. Esta frase es del escritor Alemán, Goethe, y representa el eterno repetirse de los fenómenos creados por el humano. La creación más delirante, es eso que le hemos dado a entender a nosotros mismos que es necesario, que es vital y sobre todo,  como algún día gritó extasiado el cruel emperador Romano Calígula: El Poder solo sirve para hacer lo que tú deseas. Sin que nadie lo evite”. La fascinación del Oro en las culturas guerreros invasores dio paso a otro tipo de agresividad, la veneración por llegar a tener poder. 

Imaginen solo la frase de Calígula, y piensen en que se pueda hacer lo que se desee. Ese es el plano de mayor éxtasis para una persona, que como todos nosotros, tiene límites, barreras y mucho miedo de no lograr algo que lo haga sentir vivo.

Siglos atrás, en el 513 A.C., en esa época de misterios y sorpresas, un nombre provocaba veneración, Lucius Quintus Cincinnatus. Este hombre fue singular para su tiempo. Noble Patricio Romano, protagonista de muchas batallas, alguien que oscilaba entre el prestigio militar y la capacidad visionaria e inteligente de un Senador Romano. Cincinnatus se retiró de la vida política, el acercamiento al demencial universo del ejercicio político le hizo sentir repugnancia. Su destino fue lejos de Roma, en el campo, y su placer personal era el manejo del arado. Cultivar la tierra era lo más preciado. Para Cincinnatus la tierra y su fertilidad era algo casi espiritual, significativo.

Dos veces fue llamado por el Senado de Roma. Dos veces se le pidió luchar por recomponer la sucia descomposición de los ambiciosos que destrozaban todo por el poder. Desde siglos antes, se presentaba lo idéntico, el Poder por el Poder. Cincinnatus fue a la batalla, venció a esos pretenciosos, y dos veces se le ofreció el poder total como recompensa a su fuerza y desgaste vital. Dos veces rechazó el poder total, y regresó a su granja, a trabajar el arado y la delicia del cultivo.

Las cosas del ser, lo grandioso, se expresan a través de actos fuertes y llenos de decisión. El Mundo Romano le rendía culto al gran viejo, que cercano a los ochenta años tuvo la fuerza de luchar contra el brutal impulso de dominio de los otros.

Cincinnatus pasó al gran panteón Romano, venerado al morir y respetado en el recuerdo, lejos de la ambición y la avaricia.

El poder es ahora un gran tema de nueva cuenta, el mundo se inunda de ideas políticas que recuerdan a los Emperadores de Roma. Atrás de un emperador Romano había mucho miedo de ser traicionado y derrocado, había solo el enojo como respuesta, no escuchaban a nadie, y todo el esplendor, poco a poco se desvanecía. Sociedad donde el miedo manda al espíritu, es una sociedad ennegrecida por el rencor.  Nuestro mundo de naciones libres y con aspiraciones de democracia, se llenó de líderes con vocación Imperial. El poder se decidió a ser, otra vez, el gran castigo en contra de los que desean tener libertades y grandezas para el futuro.

Cincinnatus es una figura inusual, el ser más respetado de la historia antigua.

En el Siglo XVIII, el Rey Jorge de Inglaterra, sabía que la lucha contra los pueblos de las Colonias en Norteamérica  estaba perdida. La independencia de los Estados Unidos era inevitable. El Rey Jorge estudió a Cincinnatus, y preguntó a uno de sus generales: ¿Sabe Usted qué piensa hacer George Washington cuando declaren nuestra derrota?

El General contestó que Washington regresaría a su granja, a seguir trabajando junto con su esposa (juntos crearon una gran fortuna) en el estado de Virginia.

El Rey Jorge dijo: Sí hace eso será uno de los hombres más poderosos de la historia. Estaría a lado del gran Cincinnatus.

Meses después, Washington fue el primer presidente de Estados Unidos de Norteamércia. Cincinnatus era un hombre que los otros  no han podido igualar. Nadie ha vencido al poder, esa maravillosa obscuridad de las cosas.

Qué lejos nos queda ahora la historia, que impropio se está convirtiendo nuestro deseo de poseer.

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